lunes, 13 de julio de 2009

Elizabeth Harris - "No adios, solo hasta pronto"

La vida a veces podía tornarse un tanto desagradable, pero uno a pesar de ésto logra superar lo ocurrido y seguir adelante. Ahora más que nunca me hubiera gustado poder afirmar que ésto era cierto, pero lamentablemente lo único que yo podía afirmar era que mi vida había dado un giro totalmente brusco que me había llevado a ver la verdad y cruel realidad en la que debía vivir ahora.
Cuatro años atras en mi vida había sido abandonado, sin explicación, por la persona a la que yo amaba y a la cual nunca pude olvidar en el tiempo transcurrido, esa persona era Elizabeth Harris. Junto a ella había compartido dos veranos, los más hermosos de mi vida, pero el tiempo es irrelevante ya que me enamore perdidamente de ella y lo que más ansiaba con mi corazón era poder permanecer el resto de mi vida junto a ella.
Durante mis estadias en Hogwarts me carteaba a menudo con ella, no pasaba semana que no recibiera una carta de ella deseandome suerte en mis estudios y recordandome lo tanto que ansiaba volver a verme, yo le prometía en cada carta que cuando terminara no habría nada que nos impidiera estar juntos por siempre.
Pero en mi sexto año todo aquello por lo que peleaba y deseaba terminó, mis cartas comenzaron a no ser respondidas por Elizabeth y me desesperé y comencé a escribirle a diario. Hasta que un día me llego una carta de ella, en la que me pedía por favor que no le escribiera más y que no quería verme jamás en la vida y pidiendome si tenía algo de piedad por ella que no me acercara. Sin duda alguna ese día perdí la mitad de mi mismo, no puedo saber con seguridad cuanto tiempo tardé en recuperar de ello peor se que fue un tiempo duro y largo. Jamás me atreví a acercarme a Elizabeth temía herir sus sentimientos más de lo que podría haber hecho, que idiota que fui.
Un año después de ello, ya en mi último año en el colegio Hogwarts, participé en el Torneo de los Tres Magos donde fallecí en la última prueba a manos de Lord Voldemort.
Pero ese no fue el fin poco tiempo después fui revivido por el alquimista más reconocido de todos, Nicolas Flamel, por medio de una fusión de alquimia. Ésto me llevo a iniciar una busqueda por el mundo intentando llegar al punto que aquel mago había logrado alcanzar, solo para entender como había logrado que yo respirase nuevamente.
Dos años transcurrieron rápidamente y mis avances progresaron de manera increible, había encontrado una habilidad única en mí para dominar la alquimia, peor estaba lejos de llegar a dominar la resurrección. Pero en medio de mis estudios recibí una carta de mis padres en la cual me notificaban que mi tan amada Elizabeth había fallecido a causa de una desconocida enfermedad. Era imposible para mi expresar en palabras el afecto que yo tenía hacia ella y que me hacia volverme tan fracasado por su muerte, hasta casi llegar al borde del suicidio, teniendo en cuenta que mi destino no estaba unido al de ella.
Mi depresión por la muerte de Elizabeth se vio intestificada cuando al viajar a Francia, lugar donde ella solía vivir, me encontré junto a una niña de tan solo 3 años y una carta en la cual su madre, Elizabeth, me explicaba que ella había decidido hacerse cargo sola de la niña para que yo pudiese seguir con mi vida si tener que cargar con una resposabilidad de padre prematuro. En ese momento noté lo que pude haber hecho para prevenir lo ocurrido, concientizarla de lo mucho que la amaba y de lo dispuesto que estaba de ser padre a su lado y considerar a nuestra hija como una bendición y no una carga que había terminado por derrumbar todo ello. Ahora me encontraba ela n el cementerio, donde ella descansaría o donde lo haría hasta que yo fuese lo suficientemente apto en alquimia como para traerla devuelta a mis brazos. Las lagrimas caían por mi rostro, reflejando la tristeza que me arremetía al pensar en como habían terminado las cosas y como había perdido a la única persona que estaba dispuesto a amar.
La única cosa que me detenía a acompañarle era el deber de cuidar a mi hija y el saber de que había una posibilidad de que yo pudiese traer a Elizabeth de nuevo conmigo y vivir, lo que por error mío, nos habiamos perdido.
Había llevando conmigo unas rosas rosas, las cuales yo había aprendido a crear con magia y que eran sus flores favoritas, las acosté sobre al atuad donde ella se encontraba y luego me arrodillé frente al mismo.
No había siquiera pensado que decirle, me abrumaba la idea de pensar en aquello como un adios,cosa que no quería que fuera, estaba dispuesto a dar todo para conseguir que ella volviera, así que me mantuve pensativo unos segundos intentando elegir las palabras que utilizaria.- Esto...umh, diablos.- exclamé en un frustrado intento por comenzar. Me mordí el labio inferior y luego proseguí. - No se como decirte ésto Elizabeth, no puedo consentir que lo nuestro haya terminado así, estoy plenamente seguro de que nuestro lazo es único y que podemos sobrepasar cualquier cosa, incluso la muerte. Lo sé.- repuse mientras pasaba mis amnos sobre la pulida madera del ataud, y meditaba unos segundos para ver si lograba de esa forma expresarme mejor.
- No estoy seguro de porque yo he logrado volver, pero mi hipotesis es que el amor que nos une a nosotros dos es lo que ha logrado formar una fuerza tan indescriptible capaz de evadir la muerte para mantenerse unido.- continué mientras alzaba una mano y la cerraba, como si intentase tomarle a ella y transmitirle y trasmitirle la seguridad de que todo aquello era cierto y que había una posibilidad de volver a estar juntos, pero solo me encontré con el vacio y mi mano se cerró en la nada. - ¿No lo dijo Dubledore?... que el amor es la fuerza mágica mas poderosa.- proseguí mientras mi ojos se clavaban en la lápida que tenian enfrente donde resaba "Elizabeth Harris, 1977-1997 amada hija, designio de Dios, en paz descanses." El observar ésto solo logró que mis ojos se inundaran en lágrimas, y con enojo saqué mi varita del bolsillo y la agité apuntando la lápida. En un pequeño parpadeo las palabras talladas en la lápida cambiaron por " Elizabeth Harris, 1977 amada madre y esposa en paz esperamos tu regreso".
Hecho ésto me sequé las lagrimas que recorrían mi rostro y me paré sin sacar la vista del ataud. - Confió en todo esto, jamás he estado más seguro de mi mismo en mi vida. Por lo que ésto sera solo un, "Hasta pronto".- dije aún sollozando y me acerqué a la lápida y le di un beso a la parte superior de la misma. - Nos vemos pronto mi amada.- me despedí y dicho ésto me alejé del lugar sin saber cuando ni como, pero con la seguridad de que algún día volveria a gozar de la hermosa compañía de mi querida Elizabeth.

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